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La nuclear es la única energía capaz de generar un debate rentable, erizar los principios del público, crear opinión y asociarse con el ideario política. La controversia entre partidarios y detractores del uranio equivale a preguntarse por la legítima creación de la bomba atómica para mantener, en calidad de elemento disuasorio, la paz mundial. ¿Compensa un ordago a la hecatombe si a cambio se garantiza la calidad de vida y se alivia la presión sobre el resto de energías Las opiniones a pie de reactor nuclear no admiten matices. Pero las teorías absolutas sí necesitan, en cambio, convergir en determinadas cuestiones puntuales, como por ejemplo los residuos nucleares. Ahora que, según The New York Times, el Departamento de Energía de Estados Unidos calcula que en tres décadas no habrá ya espacio físico entre las barras y estrellas para almacenar la basura radiactiva, polémica y técnicas de investigación se han visto obligadas a virar hacia el reciclamiento de los desperdicios. Entre la mugrienta nube de basura se abre paso el recurso a la enzima, una "proteína que cataliza específicamente cada una de las reacciones bioquímicas del metabolismo", explica la RAE. El descubrimiento de una enzima anormal en las bacterias podría proporcionar un higiénico método de eliminación de la basura tóxica, que actualmente debe ser almacenada en un proceso con fecha de caducidad. Según un importante informe al que ha tenido acceso Bloomberg, técnicos del Departamento de Energía estadounidense han empleado buena parte de su tiempo en estudiar la hasta ahora desconocida enzimamul- tiproteínica, así como la manera en que ésta ayuda a las bacterias a consumir lactato, apunta Alex Baliaev, microbiólogo de Pacific Northwest Laboratory. Al fagocitar el lactato, fuente de alimento y energía para el organismo, la bacteria se vuelve capaz de alterar químicamente basura radioactiva y otros compuestos, asegura Baliaev, coautor del estudio junto a colegas de otras cinco instituciones.
Por supuesto, ningún miembro de la comunidad científica duda de este paso, vital para evitar que los residuos nucleares se filtren hacia las aguas que transitan por el subsuelo. Los primeros experimentos indican que ambientes con elevado contenido de oxígeno podrían estimular a determinadas bacterias a producir la enzima multiproteínica, eficaz para el exterminio de los desperdicios, en lugar de la manida versión de una sola proteína, conocida por su nulo compromiso con el medio ambiente. De esta forma, se deduce que una elevada concentración de oxígeno podría ayudar a la bacteria a sobrevivir en ambientes letales para otros organismos, permitiéndoles modificar toxinas o metales radioactivos. Salvar el mundo desde Harvard Cuando el presentador de televisión David Letterman necesitó un científico que explicara por primera vez en su programa el desconocido cambio climático, escogió a John Holdren, el físico de la Universidad de Harvard que ayudó a ganar un Oscar a AI Gore. Aunque no ha sido ésta su única gesta, puesto que también convenció a los ejecutivos de Ford Motor y ConocoPhillips de que aceptaran que el efecto causado por las emisiones de gas amenazaba con subir los niveles del mar y perjudicar las cosechas. Ahora, con 64 años, Holdren está acometiendo la tarea más ardua de su vida: lograr que el Congreso de Estados Unidos limite el uso de combustibles fósiles. Sin ir más lejos, Barack Obama le nombrará hoy su asesor en materia de ciencia y tecnología. "La Casa Blanca es el sitio donde debe estar, tratando de salvar el mundo", indica Paul Ehrlich, autor del libro The Population Bomb, un manifiesto que en 1968 ya predecía una catástrofe por el agotamiento de los recursos de la Tierra.
Via: La gaceta de los negocios
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